Claes Oldenburg y el arte de hacer bodegones con humor

Viajan desde el Museo Mumok (en Viena) y en unos meses partirán para el MoMA, en Nueva York, pero entre tanto, descansan una temporada en el Museo Guggenheim de Bilbao. Es la exposición más grande dedicada a los años 60 de Claes Oldenburg, uno de los padres del arte pop americano.

 Claes Oldenburg: los años sesenta
hasta el 17 de febrero de 2013
Museo Guggenheim Bilbao
Sorteo de dos entradas gratis

Objetos que escapan de nuestra atención en el día a día, a veces tan obsesionados con la utilidad de las cosas. ¿Qué más me da un teléfono? La pregunta es si me deja llamar. ¿Es bonita una hamburguesa? Que más da, la pregunta es si está rica y me la puedo comer. En muchas ocasiones, los artistas dedican obras a estos objetos cotidianos elevándolos a la categoría de arte. Se llaman, técnicamente, bodegones. Un género menor -es decir, infravalorado con respecto al histórico o al retrato, por ejemplo- que apenas eran cotizados. Eso sí, hasta la llegada del arte contemporáneo.

Pero, ¿qué valor tiene un bodegón?
Podríamos pensar que si nunca ha sido valorado, por qué habría de serlo ahora. Y la respuesta es sencilla: los artistas contemporáneos -y con ellos, nosotros- han encontrado en este género una de los mejores expresiones de las características sociales, económicas y religiosas de su época. Es decir, un fiel reflejo del temperamento de una sociedad. Otra manera, simplemente, de contar quienes éramos y qué hacíamos aquí a quien nos quiera conocer en un futuro. En este caso, vamos a visitar el Guggenheim a conocer quiénes eran los americanos en los años 60. A veces, el arte es más fácil de lo que queremos creer, no hay que rebuscar tanto para encontrar lo que nos quieren decir.

Las esculturas de Oldenburg, como su trozo de tarta o su hamburguesa, nos recuerdan a las sopas Campbell, el detergente Brillo y las Coca Colas de Andy Warhol. Todo formó parte del mismo mundo: las costumbres alimenticias colectivas, en definitiva, que nos hablan mucho de las formas de comportamiento de entonces (y, por qué no, de ahora). Alimentos elevados a iconos de la cultura contemporánea. Fueron los artistas, hace muy poco, quienes vieron el potencial de este género:

«El gran mérito de Warhol no fue pintar cincuenta latas de sopa, sino la idea de pintar cincuenta latas de sopa», Marcel Duchamp

Otros artistas utilizaron los bodegones como forma de expresión. Hay quien ve, por ejemplo, en los girasoles de Vincent Van Gogh un auténtico autorretrato: agitación, frustración en esas pinceladas nerviosas, pero al mismo tiempo una pequeña vía de escape en los tonos alegres amarillentos y verdosos. El mismo Cezanne declaró que conquistaría París con una manzana. Sea como fuere, si algo esta claro es que el siglo XX fue una nueva oportunidad para el bodegón.

Claes Oldenburg lo ha pedido muy claramente a quienes visitemos la exposición: «mírenlo como si fuera arte clásico». La muestra cuenta con 300 objetos en los que, insiste, debemos observar con una actitud propicia: «Disfrutad de las obras a través de la imaginación. ¡Utilicen la imaginación, por favor». Ya sabemos, el arte pop fue, sin duda, un arte muy divertido.

Claes, por entonces, estaba instalado en Nueva York, de ahí que sus obras reflejen el mundo callejero de la ciudad. Cerillas, sombreros, chinchetas, cucharachas… todo a gran escala. «Veíamos la basura como los restos de una vida como la nuestra, un campo de posibilidades. Era una forma de realismo, opuesto a los primeros trabajos de los artistas abstractos», cuenta el artista. Entre todas ellas, podremos ver «Medias rojas con fragmentos 9» (1962), a la que guarda un especial cariño por ser la primera obra que le compró un museo. Y no uno cualquiera, sino el MoMA de Nueva York.

El potencial metafórico de los objetos cotidianos
En la actualidad, el artista no utiliza los materiales blandos que vemos en la exposición. Hace tiempo, por ejemplo, que abandonó las telas para hacer esa enorme hamburguesa que preside una de las salas del museo Guggenheim. ¿Por qué? Por una simple cuestión de lógica. Hoy, Oldenburg se muestra mucho más interesado en exponer esos objetos en la gran ciudad, como si de enormes rascacielos se tratasen. Y, al encontrarse en el exterior, requieren un material resistente a los problemas del tiempo. Pero grandes o pequeños, duros o blandos, el amor del artista pop por los objetos cotidianos perdura hasta la actualidad.

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