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| In Paradisum – Liturgia dei Difunti e dei Santi

He pasado cuatro días en Oporto, Portugal. Andando por las calles, llegué a una zona en la que se encuentra una concentración de lugares turísticos: La torre de los Clérigos, la Universidad, el Museo de Arte Contemporáneo… Pero, un poco más adelante, se esconde la Iglesia de las Carmelitas. Empezó a construirse en 1616, pero su decoración interior no terminó hasta 1650. Es decir, nos encontramos en el pleno barroco.

Nada más llegar, en los nichos de la fachada nos esperan: San José, Santa Teresa de Jesús y de Nuestra Señora del Carmen al centro. El interior, alucinante. Retablos barrocos que llenaban el espacio y las formas imposibles del barroco más retorcido invadían paredes y techos. Allí, en una esquina, Cristo yacente a los pies de María. María, con siete espadas clavadas, una en el pecho.

“Y a ti, Madre, una espada de dolor te atravesará el corazón…” (Lucas 2, 35). Aunque recordemos el dolor de María siempre a los pies de la cruz, se fueron codificando a lo largo de los siglos aquellos episodios de piedad mariana. Siete en concreto y, por tanto, siete espadas. Es María la Dolorosa.

Hacían cola. Besaban el cristal. Arrastraban sus yemas por la vitrina sintiendo que no podían estar más cerca. La mayoría cerraba los ojos, daba las gracias y pedía perdón. Todas lo miraban como si estuviera allí presente, ante ellas, portuguesas de Oporto. De vez en cuando, algún turista. Una joven de unos 25 años, con cara de inglesa, no pudo contener la risa.

Pero éste es el barroco, y así es como movía a los fieles a la oración y al sacrificio. Así les recordaba que Cristo murió por ellos. Y así es como hoy, casi 400 años más tarde, las señoras de Oporto visitan aquel lugar de la iglesia para seguir orando y dar las gracias. En un mismo punto: visitantes que ríen, portugueses que lloran.

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