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rothko-escritos-sobre-arte-1934-1969

 

Correspondencias, notas desordenadas, apuntes de clase, críticas sobre arte… Rothko escribió, y escribió mucho. Se ha perpetuado la idea de que en total sólo escribió una docena de textos y, dado que éstos eran anteriores a su adopción al formato abstracto clásico, tal aparente silecio ha sido interpretado como una renuncia personal a la palabra escrita, como si el silencio fuera parte de su búsqueda de la abstracción, nos cuenta López-Remiro en la introducción. Y concluye: idea falsa.

Quizá la parte de las cartas con sus amigos sea la menos interesante. Así como Van Gogh en sus cartas a Theo hablaba constantemente de su visión del arte, Rothko se olvida del trabajo. Me quedo con dos partes del libro, que me han parecido geniales. Geniales, de escritas por un auténtico genio.

Las notas sobre sus clases con los niños. Desordenadas, caóticas, telegráficas, pero tremendamente reflexivas. Existe una analogía entre el arte de los niños y las obras que se han sucedido a lo largo de la historia del mundo y que la sociedad reconoce como arte. Vamos, el típico: Esto lo pinta un niño pequeño cuando visitamos un museo de arte contemporáneo. Niño, loco, artista. La apariencia de su obra es similar. ¿Está el niño loco?, ¿el loco es infantil?, ¿Picasso intenta ser un poco ambas cosas?

Smart Museum of Art - Chicago, IL, United States.
Un rothko en el Smart Museum of Art – Chicago, IL, United States.

Su correspondencia con Katherine Kuh, comisaria de su exposición en el Art Institute de Chicago. Que a la pobre la volvió loca.  Que si mis cuadros sin marco, que bastante bajos pero sin tocar el suelo, que si a una distancia unos de otros exacta para que no se relacione como si fueran secciones decorativas de una pared… En fin, muy divertidas. Son un total de 13 y dan una visión muy clara de lo importante que eran sus obras para él, no toleraba la malinterpretación. Mis obras no hablan del espacio, se hartó de explicar a los periodistas.

Dónde comprar Escritos sobre Rothko, de López-Remiro

  1. Artista+loco parece que van siempre de la mano. Quizás el arte promueva un ejercicio de empatía entre el artista y el observador casi imposible. Puede que este mismo hecho sea el germen del dichoso veredicto: “locura”. Como no lo comprendo, piensa el observador, será que está loco, y así evitamos admitir nuestra propia decadencia cultural y minusvalía empática.

    Por otro lado, prefiero que me llamen loco.

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